Actualmente, el aumento de la expectativa de vida de la mujer, llega a los 80 años. Esto trae aparejado que, más de una tercera parte de su vida, transcurra después de la menopausia.
Esto tiene relevancia, ya que a partir que la misma, que se produce en promedio a los 50 años de vida (con oscilaciones que van de los 35 a los 55 años), se inician una serie de cambios físicos y psíquicos que la mujer no vivía desde su menarca, que representan el proceso inverso a la menopausia.
Si bien la menopausia se refiere al cese de la menstruación, consecuencia de la pérdida de la función ovárica, esta época significa desde el punto de vista popular un "cambio de vida".
El desencadenante principal de todos los cambios es la declinación hormonal. Al producirse la menopausia, es probable que el ciclo menstrual cambie como reflejo de los principales vaivenes de la secreción hormonal en el organismo. Los niveles de estrógeno en las primeras dos semanas del ciclo se vuelven casa vez menores, dado que la cantidad de folículos ováricos estimulados es menor. Además, la ovulación se torna menos probable pues se está terminando la producción de óvulos. Si se produce ovulación, es menos factible la concepción dada la menor calidad de lo óvulos liberados. Sin ovulación lúteo que produzca progesterona. Por ende, el estrógeno estimula el desarrollo de la mucosa uterina en la primera mitad del mes y no se ve contrarrestado por la progesterona en la segunda mitad del ciclo. Sin progesterona, el endometrio se vuelve cada vez más grueso y esto puede originar una menstruación profusa.
Al declinar los estrógenos y la progesterona, el mecanismo de retroestimulación negativa sobre el hipotálamo y la hipófisis hace que se produzcan cantidades cada vez mayores de FSH y LH. El ovario no puede responder de manera uniforme a pesar de los altos niveles hormonales y la mujer puede tener ciclos menstruales normales intercalados con ciclos problemáticos a causa de la deficiencia estrogénica. Los altos niveles de FDH y LH pueden perturbar muchos aspectos del metabolismo femenino, tales como la química cerebral, los estados anímicos, la función tiroidea, la integridad de los huesos, el metabolismo de los lípidos y los niveles de azúcar en sangre.
La variedad e intensidad de los
síntomas del climaterio es amplia y personal. Estos son los principales:
- Tuforadas de calor, diurnas y/o nocturnas.
- Cambio de humor, irritabilidad, intolerancia ante situaciones antes toleradas.
- Inicio de la sequedad de las mucosas, en particular la vaginal.
- Cambios en la líbido, con tendencia a la disminución.
- Palpitaciones.
- Cefaleas, nauseas, vértigo.
- Trastornos del sueño, como insomnio.
- Piel, cabello, boca y uñas.
- Aumento de peso.
- Incontinencia urinaria.
Las tuforadas de calor o sofocos:
Son el síntoma más frecuente y característico del climaterio y se manifiestan como oleadas de calor que afectan particularmente el pecho, el cuello y la cabeza, y que producen enrojecimiento en particular de la piel del cuello y cara. Las mismas se acompañan de profusa sudoración, palpitaciones y sensación de angustia. Su frecuencia varía desde 1 ó 2 veces en el día, hasta 10 en una hora, y su duración es en general de 3 a 5 minutos. Estas crisis se presentan durante la noche y el día, y están más predispuestas a padecerlas aquellas mujeres que viven desequilibrios emocionales y situaciones estresantes.
Cambios de humor, alteraciones psicológicas.
Labilidad emocional, nerviosismo, irritabilidad, estado de ánimo depresivo, disminución de la libido; los que en múltiples ocasiones están presentes desde años antes de la menopausia, y que conllevan al deterioro de la salud mental. También se asocian las malas relaciones laborales, sociales, de familia o de pareja. En un número importante de mujeres disminuye su autoestima lo que se expresa como sensación de minusvalía y devaluación.
Alteraciones genitales:
Los problemas urogenitales son muy comunes durante a menopausia, aunque solo cuatro de cada diez mujeres consultan a sus médicos por ellos. Anatómicamente, la vagina y el tracto urinario inferior se hallan en estrecha vecindad, separados solo por unas pocas capas de células. Ambos responden a la falta de estrógeno adelgazándose y perdiendo humedad. Cuando el nivel de estrógenos cae, la vagina comienza la vagina comienza a atrofiarse (se vuelve seca y delgada). Aunque no todas las mujeres pierden la estimulación estrogénica del tejido vaginal al envejecer, la actividad de las glándulas de la vagina sí comienza a disminuir en muchos casos. Ya no segregan moco normal para mantener la vagina lubricada, esta se vuelve entonces propensa a las infecciones y abrasiones, lo cual produce dolor y sangrado durante el coito. Estas molestias vaginales son la razón principal de la pérdida de deseo sexual en las mujeres posmenopáusicas. Los estudios demuestran que las mujeres que permaneces sexualmente activas después de la menopausia sufren menos atrofia vaginal que aquellas que no se masturban ni mantienen relaciones sexuales
Cambios en la líbido, con tendencia a la disminución.
Existen diversas causas físicas para la pérdida de la libido. Las enfermedades inhiben el interés sexual, ya que el interés por el contacto sexual se reduce ante el malestar físico. De la misma manera, las mujeres que padecen sintomatología asociada a la menopausia o a la perimenopausia (como los típicos episodios de calor súbito, astenia, dispareunia o incontinencia) presentan, en general, disminución del deseo sexual, que puede incrementarse con la implementación de una terapia con estrógenos u otros tratamientos eficaces para disminuir el malestar físico. No obstante, dado que en ocasiones la actividad sexual no recupera su intensidad previa, la pareja puede necesitar revitalizar su vida sexual, para lo cual debe disponer de más ocasiones para la intimidad, que no se limiten a las últimas horas del día, momento en que el cansancio es extremo. Durante la menopausia, también puede haber disminución de la libido asociada a biodisponibilidad insuficiente de estrógenos y testosterona, hormonas que determinan el deseo sexual en hombres y mujeres. En casos de menopausia quirúrgica o disfunción del ovario provocada por la quimioterapia, el nivel de testosterona libre puede ser insuficiente para mantener el interés sexual, y como consecuencia, puede haber cierta dificultad para alcanzar el orgasmo. Aun en la “menopausia natural”, la testosterona disponible puede ser insuficiente; no obstante, en estos casos el problema se debe generalmente a que los niveles de estrógenos son menores.
Palpitaciones
No existe evidencia científica de que las anormalidades del ritmo cardiaco (palpitaciones) estén relacionadas con los niveles de hormona disminuidos durante la menopausia. Sin embargo, un aumento de 8 a 16 latidos en la velocidad del corazón puede ocurrir durante los sofocones, que muchas interpretan como un problema del corazón. Las palpitaciones también pueden ser el resultado de la enfermedad de la tiroides o de la ansiedad que producen los cambios de ánimo o de molestias psicológicas más serias. Es poco probable que las palpitaciones que ocurren en este momento estén relacionadas con una enfermedad cardiaca. No obstante, las mujeres que tienen palpitaciones deben informarlo a un médico para descartar cualquier enfermedad seria.
Cefaleas, náuseas, vértigo.
Los trastornos neurológicos que más frecuentemente se modifican en la época de la menopausia son las cefaleas (a veces migrañosas), los accidentes vasculares cerebrales (AVC) (ya sea isquémicos o hemorrágicos), las alteraciones del sueño, los vértigos, los síntomas vasomotores (sofocaciones, sudores nocturnos, etc.) y las alteraciones emocionales.
Por lo que respecta a las cefaleas y a las migrañas, parece ser que las cefaleas de tipo tensional suelen aumentar en la época de la menopausia, mientras que las migrañas propiamente dichas suelen mejorar después de la menopausia. Tanto las cefaleas tensionales como las migrañas precisan un tratamiento desensibilizante que debe ser ajustado por un neurólogo. Es importante señalar que la ingesta crónica de analgésicos puede estar en el origen de las cefaleas. La mayoría de medicamentos que calman el dolor impiden la acción de los fármacos que habitualmente utilizan los neurólogos para prevenir tanto las cefaleas como las migrañas.
En lo que respecta a los accidentes vasculares cerebrales, éstos son menos frecuentes en las mujeres en la época de la menopausia que en los hombres de 45 a 55 años. La explicación podría estar en la administración de estrógenos a las mujeres en este período que ejercería un efecto protector sobre los AVC. En cuanto a la prevención de éstos es muy similar a la prevención de la enfermedad cardiovascular.
Principales trastornos neurológicos que pueden afectar a la mujer menopáusica:
- Migraña: se manifiesta con crisis de dolor intenso, generalmente de localización hemicraneal y pulsátil, de presentación recurrente que dura entre 4 y 48 horas y que puede ir acompañada de trastornos visuales, náuseas, vómitos, etc/
- Insomnio: puede presentarse en forma de privación del sueño, o como una disminución de la duración del mismo. Puede aparecer al principio de la noche, durante la noche o causando un despertar precoz. El insomnio puede asociarse a: hipersomnia diurna, narcolepsia, sonambulismo y terrores nocturnos. Para evitarlo se recomienda iniciar un programa de ejercicios regulares para ayudar a reducir el estrés, relajar la musculatura y facilitar el sueño; evitar hacer ejercicios antes de ir a dormir; no tomar antes de acostarse alimentos grasos, azúcares, café o chocolate; beber leche caliente antes de dormir; mantener horarios fijos de descanso; conservar la habitación a oscuras y con temperatura estable.
- Vértigo: son una ilusión de movimiento, ya sea del propio cuerpo o de los objetos que le rodean. Frecuentemente la palabra vértigo es sinónimo de sensación de mareo, náuseas, desequilibrio, etc.
- Alteraciones emocionales: pueden manifestarse en forma de irritabilidad, estado ansioso depresivo, palpitaciones, alteraciones del apetito y disfunciones sexuales.
Trastornos del sueño, como insomnio.
Si te sientes deprimida o ansiosa, o sufres de sudores nocturnos, puede serte difícil conciliar el sueño y es común que te despiertes en la madrugada. Finalmente, el buen descanso nocturno puede volverse una rareza. Estudios de laboratorio demostraron que las mujeres con niveles normales de estrógeno o tratadas con THR se duermen más rápido que las que presentan deficiencia estrogénica. En las mujeres con niveles adecuados de estrógenos, la etapa de sueño profundo es más prolongada y esto hace que se sientan más descansadas al despertar. Soñar parece ser muy importante para la sensación de descanso y renovación experimentada luego de dormir. Sin estrógeno se puede dormir toda la noche, pero sentirse cansancio al despertar.
Afecciones en piel, cabello, boca y uñas.
La caída de los niveles de estrógeno durante la menopausia produce cambios en la piel, el cabello, las uñas, los ojos, la boca y las encías. Estos cambios se deben en parte a la desintegración de las fibras de colágeno y al debilitamiento de la proteína elastina, que confieren al tejido conectivo firmeza y elasticidad. La falta de colágeno genera disminución del grosor y flexibilidad en la piel, sequedad del cabello, uñas quebradizas molestias en los ojos, sequedad en la boca, atrofia de las encías y mayor rigidez en las articulaciones. Uno de los cambios más notables es la aparición de arrugas en la cara. El deterioro de las terminaciones nerviosas al envejecer la piel puede generar prurito y una afección llamada formicación. Se trata de un cosquilleo intenso que algunas mujeres describen como una sensación de insectos que le caminan por la piel. Y es un síntoma clásico de la menopausia.
Aumento de peso.
Algunas mujeres posmenopáusicas luchan denodadamente para mantener su peso previo. Esto es erróneo desde el punto de vista médico: durante la menopausia se gana peso como consecuencia de un metabolismo más lento, que afecta tanto a las mujeres como a los hombres al envejecer, y de la disminución de los niveles de estrógeno que afecta la distribución de las grasas.
Es importante adoptar una visión realista y saber que los cambios de la forma corporal se producen en todas las mujeres posmenopáusicas. Una dieta muy estricta o caprichosa no es saludable y puede entrañar deficiente ingestión de calcio. Es mejor recurrir al ejercicio, que además mantiene el tono muscular.
Incontinencia urinaria:
Cuando se empieza a notar una leve pérdida del control de su vejiga, una de las primeras cosas que una se pregunta es: “¿por qué me pasa esto a mí? ¿qué le está pasando a mi cuerpo?”
No tengas miedo, no estás sola. Una fuga involuntaria cuando ríes, toses, estornudas o haces ejercicio es la forma más común de incontinencia urinaria. Esta pérdida ocurre simplemente como consecuencia del debilitamiento de los músculos del suelo de la pelvis (a menudo a causa de un parto), que ya no son lo suficientemente fuertes como para retener la orina. Otros causantes del debilitamiento de los músculos del suelo de la pelvis son: obesidad, constipación, varios medicamentos y la menopausia.
Habla con tu médico de cabecera, tu profesional de salud o enfermera, quienes podrán ayudarte a determinar la causa de tu incontinencia urinaria y las distintas formas en las que puedes controlar y mejorar su molestia.
Se proactiva y mantén una actitud positiva. No permitas que la incontinencia urinaria cambie tu estilo de vida.
Otros problemas relacionados con el déficit estrogénico, y que habitualmente se presentan durante la postmenopausia, son: el incremento de la frecuencia con que se presentan afecciones como la aterosclerosis en su expresión cardio y cerebro vascular, la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, las neoplasias de mama útero y recto, y la osteoporosis, enfermedades todas que limitan las capacidades y que pueden ser pesquisadas en tempranos estadios y, por lo tanto, tratadas adecuadamente.